
martes, diciembre 15, 2009
sábado, diciembre 12, 2009
De dulcerías y redacciones
No me gusta el sonido del teclado en las redacciones, quiero decir, no me gustan las uñas largas que se rompen, el movimiento apresurado de la taquigrafía, el sonido del backspace cuando se equivocan.
Me gusta el sonido del teclado en las redacciones, quiero decir, la cara de concentración de los reporteros, sus manos que pellizcan su parpado, su ceja, su labio, la punta de su nariz, la forma en que revuelven su cabello.
Me enfurecen los dentistas y las redacciones. Y tu mirada y media, y tu cinismo y tus ojos claros. Y las palabras que se repiten en cada párrafo. Y mi vanidad de cartón corrugado que hace un listado:
Una mujer dictado. Que enliste mis pestañas y les ponga nombres. Que me levante a las 4 de la mañana, que me haga un licuado con su apodo. Una mujer bolsa de papel. Botella de PET. Que por amor entienda un deshuesadero.
Una mujer gastos extras: nueces de la india, chocolates belgas, gomitas de grenetina, café de algún lugar sin ubicación.
Una mujer tienda departamental, venta nocturna, que por zapatos entienda un tacón, que por sombrero tome mis manos. Una mujer que no publique en Facebook, que tenga de mascota un twitter. Una mujer plato hondo, alberca con cuadritos de pan tostado. Una mujer mancha de sol, aceite derramado, humo de microbús.
Una mujer que no crea en la ley ni en los recursos humanos. Que cuando califique: mienta. Que cuando mienta: toque el pandero.
Una mujer que no ocupe pluma fuente. Que no juegue Go. Que no esté el tanto de los periódicos, de los políticos, de los deportistas, de las noticias, del plan fiscal. Que no tenga un plan fiscal bajo el brazo. Que haga con la Constitución confeti.
Una mujer que me haga cruzar la ciudad a 85 kilómetros por hora, que por corazón tenga una bicicleta.
Una mujer que sepa de las relaciones largas y no tanto, que dude no saber si la cita con la jirafas fue real o si todas las fotos que ahora son recuerdos existieron realmente, que dude el poco tiempo para encontrar respuestas antes de darle vuelta a la página y darlo por terminado.
Una mujer que dude saber quién tuvo la culpa, quién le mintió a quién, la duda de saber si el caramelo en la envoltura es de menta o de cereza... la angustía de estar con un corazón prestado y olvidarlo en el mostrador de una dulcería.
Una mujer a la que le gusten las redacciones. Y las dulcerías. Y las faltas de ortografía.
Me gusta el sonido del teclado en las redacciones, quiero decir, la cara de concentración de los reporteros, sus manos que pellizcan su parpado, su ceja, su labio, la punta de su nariz, la forma en que revuelven su cabello.
Me enfurecen los dentistas y las redacciones. Y tu mirada y media, y tu cinismo y tus ojos claros. Y las palabras que se repiten en cada párrafo. Y mi vanidad de cartón corrugado que hace un listado:
Una mujer dictado. Que enliste mis pestañas y les ponga nombres. Que me levante a las 4 de la mañana, que me haga un licuado con su apodo. Una mujer bolsa de papel. Botella de PET. Que por amor entienda un deshuesadero.
Una mujer gastos extras: nueces de la india, chocolates belgas, gomitas de grenetina, café de algún lugar sin ubicación.
Una mujer tienda departamental, venta nocturna, que por zapatos entienda un tacón, que por sombrero tome mis manos. Una mujer que no publique en Facebook, que tenga de mascota un twitter. Una mujer plato hondo, alberca con cuadritos de pan tostado. Una mujer mancha de sol, aceite derramado, humo de microbús.
Una mujer que no crea en la ley ni en los recursos humanos. Que cuando califique: mienta. Que cuando mienta: toque el pandero.
Una mujer que no ocupe pluma fuente. Que no juegue Go. Que no esté el tanto de los periódicos, de los políticos, de los deportistas, de las noticias, del plan fiscal. Que no tenga un plan fiscal bajo el brazo. Que haga con la Constitución confeti.
Una mujer que me haga cruzar la ciudad a 85 kilómetros por hora, que por corazón tenga una bicicleta.
Una mujer que sepa de las relaciones largas y no tanto, que dude no saber si la cita con la jirafas fue real o si todas las fotos que ahora son recuerdos existieron realmente, que dude el poco tiempo para encontrar respuestas antes de darle vuelta a la página y darlo por terminado.
Una mujer que dude saber quién tuvo la culpa, quién le mintió a quién, la duda de saber si el caramelo en la envoltura es de menta o de cereza... la angustía de estar con un corazón prestado y olvidarlo en el mostrador de una dulcería.
Una mujer a la que le gusten las redacciones. Y las dulcerías. Y las faltas de ortografía.
lunes, noviembre 02, 2009
domingo, septiembre 13, 2009
Hace falta más (des)orden
Hacen falta más escaleras eléctricas donde los niños se machuquen los dedos y las mujeres claven sus tacones.
Hacen falta más edificios altos donde los empleados miren lo que hay abajo, porque para eso son altos, para que sus corbatas graviten sobre la nómina, para que el bisoñé de los directivos se sujete a su calvicie, para que los pájaros tengan donde estrellarse, para que las palomas tengan donde acurrucarse, para que las empresas exhiban sus logos, para que un enamorado aviente una moneda desde el mirador.
Hacen falta más algodoneros avienten pelusas rosas a los cables de alta tensión donde los canarios perdidos tejen sus nidos.
Hace falta que alguien mire hacia arriba y se de cuenta que el cielo ya no es azul, que los días y las horas sólo existen en la barra de inicio de Windows, que la luz blanca de las oficinas no le invita más té a la luna, que todos tengan tiempo libre y suban sus fotos a Facebook.
Hacen falta más mariachis que fotografiar, más niños que choquen sus manos y canten a la marimarimar…
Hacen falta más azoteas y mecates, más signos de interrogación en las revistas, más acentos promiscuos en los libros, más puntos, comas y puntosycomas a la hora de la comida. Hacen falta más secretos contados, más trajines, más sopa de la abuela, más herejes, más aviones sin alas, más pájaros sin pico…
Hacen falta más edificios altos donde los empleados miren lo que hay abajo, porque para eso son altos, para que sus corbatas graviten sobre la nómina, para que el bisoñé de los directivos se sujete a su calvicie, para que los pájaros tengan donde estrellarse, para que las palomas tengan donde acurrucarse, para que las empresas exhiban sus logos, para que un enamorado aviente una moneda desde el mirador.
Hacen falta más algodoneros avienten pelusas rosas a los cables de alta tensión donde los canarios perdidos tejen sus nidos.
Hace falta que alguien mire hacia arriba y se de cuenta que el cielo ya no es azul, que los días y las horas sólo existen en la barra de inicio de Windows, que la luz blanca de las oficinas no le invita más té a la luna, que todos tengan tiempo libre y suban sus fotos a Facebook.
Hacen falta más mariachis que fotografiar, más niños que choquen sus manos y canten a la marimarimar…
Hacen falta más azoteas y mecates, más signos de interrogación en las revistas, más acentos promiscuos en los libros, más puntos, comas y puntosycomas a la hora de la comida. Hacen falta más secretos contados, más trajines, más sopa de la abuela, más herejes, más aviones sin alas, más pájaros sin pico…
Hace falta,
me
(haces)
falta.
Me (faltas).
Alejandro Saldívar
Septiembre de 2009
Alejandro Saldívar
Septiembre de 2009
martes, septiembre 08, 2009
Adivinanza
Adivine usted de quién son esos zapatos, límpios como sus manos, lustrosos como sus canas. Tiene la mitad de un sexenio lleno de manchitas como las que tiene el tapete que pisa...
lunes, agosto 03, 2009
Teléfono descompuesto
Te escribo con la precisión de un agente de ministerio público, con el tino de un bisturí que diseca cadáveres de dos que estuvieron enamorados, te escribo con la emoción de un oficinista asustado por los retardos, las impresoras y las corbatas de puntitos, por la marejada de notas que se atoran en las algas de un charco de agua estancada.Te escribo para que me escribas, para que te cuelgues de mi cuello y des un paseo por la ciudad de mi cabello... para que me quieras, para que una de tus palomas mensajeras me traiga de vuelta...
Te pienso con la nostalgia de un globo que perdió el rumbo, con la confusión de un caracol a paso lento dentro de un laberinto de espejos, te pienso con la necesidad de saber qué nos sucede. Te reclamo con la necedad de las corrientes y las lluvias que asustan nuestras calles, días y rutinas citadinas...
Te pregunto lo que no me atrevo a responder...¿qué pasará con el vacio que el olvido se empeña en llenar?
Agosto de 2009
lunes, julio 27, 2009
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