domingo, noviembre 20, 2011

Mudanza












 


 Noviembre de 2011





lunes, octubre 03, 2011

El hombre que tenía cabeza de pingüino

 
El párrafo anterior lo encontré atado al ala de un pingüino. Al pingüino lo conocí en una ciudad fantasma, al sur de un país sin nombre. Lo conocí de pie en la franja húmeda de la orilla, justo donde las olas dejan su espuma. Lo conocí mientras se sacudía la arena de su pico. 

No es que haya conocido al pingüino en la playa. Más bien ya lo había encontrado entre sueños. Él me dijo que te buscara. Que siempre es bueno conocer de donde venimos. Y no es que los pingüinos hablen, sino que me lo dijo cuando estaba dormido. 


 
El párrafo anterior lo encontré atado al ala de un pingüino. En el pecho tenía una mancha blanca, como todos los pingüinos. También tenía unas alas con las que se despidió de su familia una medianoche entre rejas de aire. Una vez mar adentro tuvo miedo de ser una rueda, un pez gato, una anguila eléctrica; pensó en ser un pez usb para guardar sus pensamientos.

No es que todos los pingüinos tengan una mancha en el pecho, como todos los pingüinos. Más bien le preocupaba que los peces entre los que nadaba no tuvieran alma. Porque los peces no tienen alma. 
 
 
El párrafo anterior lo encontré atado al ala de un pingüino. Nadaba con una elegancia extrema, como todos los pingüinos. Siempre se daba de bruces con los espejos de hielo, que él comparaba con los espejos de la vida. Siempre se enredaba con las mallas de plástico que algún borracho había abandonado. Siempre esquivaba los icebergs adelgazados por las tormentas. Siempre rozaba los barcos que se cruzan en la noche.

No es que todos los pingüinos naden con una elegancia extrema. Es que el agua es un botón, una camisa de fuerza. Es que el agua sirve para mendigar recuerdos. Es que las nubes son el escape de gas de barcos descompuestos. Es que las medusas babean la piel de los buzos. 


 
El párrafo anterior lo encontré atado al ala de un pingüino. Era siempre el mismo, con la mancha atada en el pecho. En una de sus alas tenía un contador rojo, como un despertador. El año 2050. Una pastilla de mar. Para no olvidar la marea, el agua salada.

—Para ti, tengo impresa una sonrisa en papel de algodón—me dijo en el sueño mientras retrocedía hacia el mar con pasos torpes. —La vida es como un rollo de papel higiénico más largo que los trasatlánticos que nadan en el Mediterráneo. El océano es un rollo de fotografía, las algas guardan moho y están descoloridas y huelen a naftalina.

Ya mar adentro el cuerpo se le fue desvaneciendo. En el sueño pastan elefantes con ojos de flor (como las de tus uñas). El pico del pingüino es un íntimo aparato para medir el tiempo. 



Algunas letras eran borrosas y había frases que no se podían entender. Supe que el pingüino no regresaría. Me llamo A., nunca te conocí y esta carta la encontré atada al ala de un pingüino. 

Alejandro Saldívar
Otoño 2011

viernes, julio 08, 2011

Suite para una noche de puntos y una memoria del ácido lisérgico



Las palabras nacen de las hojas en blanco, como el reverso de mis calcetines… Así empecé mis anotaciones, que eran como perseguir a un mapache en un clóset vacío. -----. -V-a-c-í-o-.


Llevo imitando, desde hace algún tiempo, a los cangrejos ermitaños. Ahora busco una lata para moverme con todo ese arrastre metálico de las eses. Ssssssssss. Como un fantasma, o un espía al otro lado de un teléfono intervenido. Sus eses, bajo mi lengua, moviéndose despacio en mis cachetes.


Canto sus óperas, hasta la última nota que me queda en una tenaza. Y te aprisiono, pero siempre logras encontrar otra lata o un caracol esmaltado. Te invité a vivir conmigo, pero parecía que tenías vidrios dentro de la piel.


¿Qué te ocurre?


Soy un cangrejo ermitaño en busca de una lata vacía. Soy yo, persiguiéndote en un clóset de palabras. Pienso que sería mejor para describirte: un punto sobre otro punto sobre otro . que no te lleva a ningún .

Puntos que son como una serie de puntos: uno sobre otro pisándose los talones de las ideas.


(. . . … . . . … . . . … . . . … . . . …)


Puntos que son la partitura de una música oriental en un sauna vacío. Puntos que me arropan del pánico del ácido lisérgico. Puntos que aúllan en un callejón oscuro (A.u.u.u.u.u.u.u.u.u.u.)


Puntos que son zarpazos de chelo en tu falda, como un pensamiento que siempre desemboca a otro pensamiento y a otro y a otro y a otro y a otro: una genialidad. Yo. Soy un punto. Soy todo lo que no fuiste como un gran escritor.


Las ideas son como remolinos.

Crecen cuando hay viento.

Se van cuando deja de soplar.


Y de pronto recordé.

Pero ya se me había olvidado.


Soy un cangrejo ermitaño que vive en una lata. Mis tenazas sólo persiguen a los puntos suspensivos que nos robamos tu y yo.


La última imagen: tu cabello alaciado, tu cuerpo tan frágil como el ala de un pingüino. Tu colmillo. Tu mano espigada, blanca, casi temblorosa. Pensé en tener un ojo con catarata para que nunca viera con quien te acuestas. Pensé en una mujer con crédito bancario ilimitado. Que no se enferme de la tos.


¿Qué te ocurre?


Te escribo con la angustiosa espera de mis manos sobre el teclado. Te escribo con la efervescencia de una tutsi pop en tu boca. Te escribo con la mente sudando a espera de decirme quien soy. Te escribo para decirte que eres tan elegante como una moleskine en sus mejores épocas. Te escribo porque me gustaría hacerle un manicure a la íes. Porque hasta el día de hoy, me persiguen un montón de puntos suspensivos que nos robamos y/o no pedimos prestados.


Te escribo para contarte que en el viaje uno puede llevar puntos de golosinas. Una en el bolsillo trasero. Un par en el delantero. Te escribo porque juntos éramos una melodía que salía de una locomotora a carbón… Chu chu chuuuuuuuuuuu…


Te escribo porque justo en este momento las palabras son una estampida de potros salvajes en Pamplona. Te escribo para encontrarte entre un punto de interrogación y un paréntesis. Te escribo como si los teclazos fueran disparos suaves en una hoja en blanco. Como sensaciones que llegan disueltas en un hisopo al bote de basura.


Te escribo porque cuando estábamos juntos era como si una h bailara en sus dos patitas y luego como un autobús de ideas uno decide donde detenerse: aquí. Justo donde este teclazo se convirtió en plegadizo.


Y de pronto te me apareciste

(silencio en la sala)


(estabas tu) Detrás de mi


Soy yo, persiguiéndote en un clóset de palabras. Soy este cacho de papel en blanco. Donde seguro un punto madurara. Y crecerá hasta la punta de un empinado rascacielos… Y se empinará. Y derramará tinta. Y.


Soy una gota de tinta al final de la página.


Posdata:

Esto iba a ser la mejor escena de un crimen jamás contada:

Cayeron puntos y comas y espacios en blanco.

(. , . ,,, .. ,, … ,,, ,,, ,,, . . . , .)


viernes, mayo 20, 2011

Un post para el fin del mundo



Empecé a fumar un día antes del fin del mundo. Hubiera querido tener una barba podada como un césped. Pero no, tengo una barba hecha con alfileres. Una barba que te pica el cuello cada que me acerco a contarte un secreto. Hubiera querido tener la barba manchada de tabaco. Pero no, el fin del mundo impidió que creciera más y ahora no es más que un simulacro de pelo en mis cachetes.


Empecé a fumar un día antes del fin del mundo. Hubiera querido conocer a una mujer que construyera una ciudad de poliuretano (con la entrada custodiada por elefantes de plástico, con tapaderas en los ojos. Con cocodrilos de material reciclado). Hubiera querido conocer a una mujer que empezara a fumar un día antes del fin del mundo, como yo.


Empecé a fumar un día antes del fin del mundo. Hubiera querido conocer a una mujer que no supiera de entregas a tiempo o de firmas en documentos. Que no supiera de angustias o desgracias. De escándalos metafísicos o de causas insignificantes que tengan importancia en la vida. De la burocracia o de su mamá gelatinosa y cincuentona. Me hubiera gustado verte con hilitos de humo alrededor de tu cabeza.


Empecé a fumar un día antes del fin del mundo. Hubiera querido conocer a una mujer que no supiera de reyezuelos editorales, de sellos editoriales, de prosa nauseabunda, de cuchicheos, de falsos problemas, reglamentos de civilidad, salas de espera, sillones manchados con mantequilla, jefes despóticos que sólo conocen de horarios y buenas costumbres. Me hubiera gustado fumar contigo en una sala de espera.


Empecé a fumar un día antes del fin del mundo. Hubiera querido conocer a una mujer con ideales austeros, ligeros como un pestañeo. Hubiera querido escuchar que me vas a extrañar. Me hubiera gustado aprender a conjugar bien los verbos. Me hubiera gustado escribir(te) un post para el fin del mundo.


20 de mayo, un día antes del fin del mundo.

martes, enero 11, 2011

1...2...3...4

1...2...3...4... Occupation no more,
5...6...7...8... Israel is a fascist state...


miércoles, enero 05, 2011

Instrucciones para leer esto

1. Imprima la hoja.
2. Hágase un barquito de papel.
3. Zarpe en él.
4. Húndase en alguna coladera o choque contra un montón de bolsas de basura.
5. No tenga miedo, al final sus manos no se mancharán de tinta.
6. Hágalo bolita o utilícelo para prender el calentador.
7. Sonría y finjase preocupado por la paz.

Enero de 2010